Disparos de calor

Tal vez si pudiera parar el tiempo lo hubiera detenido en aquella ciudad.

Apenas antes de rozarnos, ya tu mirada recorría cada centímetro de mi piel en aquel salón,

nuestras manos se perdían entre nuestros cuerpos y las copas de vino, sin olvidar aquel mar a través del balcón.

No sé si eran las caricias o nuestros húmedos labios los que nos hicieron plantar bandera de derrota y acabar follándonos en el sofá como si fuera la última vez.

Nuestra respiración que rozaba cada escondite de nuestro sudoroso cuerpo, las manos entrometidas entre las sábanas y nuestros cuerpos pegados no daban tregua a las horas de ese maldito reloj que no paraba de correr.

Disparos de calor durante tan solo unas horas,

y lo siento como si fuera ayer.

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