Me prometí no escribirle más.


Me prometí con sangre en los labios que esta sería la última vez que le escribiría.
Creo que siempre hubo una barrera, y que afortunadamente tu tratabas de derribarla siempre, y yo, desgraciadamente, empujaba sin mucha fuerza.
Podría dedicarte millones de palabras para resumir todo lo que tu me provocas.

Podría dedicarte millones de disculpas por no ser valiente y por asomarme al precipicio y no tirarme.
Siempre poniendo fechas de caducidad, y seguramente ahí encuentre el problema, en querer controlar y simplemente… No permitir dejarse llevar.
Cuánto me duele y cuánto me quema haber sentido tanto, pero más me duele no ser capaz de mirarle de frente y hacerlo eterno.
Me sonará ridículo pero siempre repetiré la frase que siempre he querido que me acompañe toda la vida. «Solo el amor nos salvará».

Irónicamente, la misma persona que te mata, es la única que puede salvarte, y esa persona eres tú misma.

Y que aquel amor que puede salvarte, también puedes darle la espalda y fácilmente hacer que te mate.
Me gustaría quitarme esas vendas que la vida me ha ido dando.
Actuar con más corazón que cabeza, esa es la ecuación perfecta y para la que hace falta dos personas que lo entiendan de puta madre, y no solo un desastre como yo.
Dentro de un tiempo, miraré atrás y pensaré por qué tomé esas decisiones que me han llevado hasta allí. Y será entonces ahí, cuando los ojitos me brillarán y recordaré que un día estuve tan alto que me tiré sin paracaídas y me estrellé.
Sentiré volver a aquellos lugares donde fuimos felices. Me gustará recordarte riendo de cada trocito de complejidad que teníamos. Me gustará recordarte feliz, y donándonos vida mutuamente en cada mirada.

Y efectivamente, eso es de lo único que podré estar segura.

Que le querría toda mi vida.

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